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Un puesto avanzado del progresoJoseph Conrad ilustrado por Pablo López Miñarro |
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Joseph Conrad despliega en Un puesto avanzado del progreso toda la potencia de la ironía para llevar al lector de la sonrisa al horror. Sus protagonistas, Kayerts y Carlier, son una de las parejas más cómicas, patéticas y mejor logradas de la literatura, una genial condensación de la estupidez, la prepotencia y la indefensión de las que nuestra especie sigue dando tan conspicuas muestras en pleno siglo XXI. Abandonados en plena selva como agentes de una gran compañía comercial, tardarán algún tiempo en descubrir — pues son estúpidos— quién manda realmente y quiénes son las verdaderas víctimas del progreso y de la civilización. Un puesto avanzado del progreso es un vigorosa denuncia del colonialismo y de su hipocresía filantrópica, una lúcida indagación acerca de la imperfección del lenguaje humano y un doloroso reconocimiento de la esterilidad de nuestros afanes y de la improbabilidad de la redención. |
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El club de los parricidasAmbrose Bierce ilustrado por Pablo López Miñarro |
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| A Ambrose Bierce lo mató Carlos Fuentes en Gringo
viejo y Gregory Peck le puso rostro en la versión
cinematográfica de Luis Puenzo, sin embargo difícilmente
podemos hacernos una idea del auténtico
Bierce a través de estas obras, que novelan,
eso sí, el pasaje final de su vida. Bierce nació y se crió en la América profunda. Un padre estudioso de la Biblia, una madre temperamental y dominante y trece hermanos —todos de arraigada fe calvinista— le inculcaron un peculiar sentido de la familia y del amor filial. Él mismo definía así “parricidio” en su libro más conocido, El diccionario del diablo: “Golpe de gracia filial por el que uno se ve liberado de los irritantes tormentos de la paternidad”. En El club de los parricidas, obra maestra del humor negro, Bierce condensa toda su capacidad para el sarcasmo y la mordacidad. Los cinco relatos que lo integran nos ofrecen un variado repertorio de procedimientos para acabar con nuestros progenitores, seguramente los mismos que a su autor le hubiera gustado emplear con los suyos. Además de brindarnos una serie de ideas que podrían sacarnos de un apuro o ayudarnos a hacer realidad nuestros más oscuros deseos, el tono desenfadado y, por momentos, insidiosamente cándido de los relatos nos provocará más de una sonrisa. Volviendo al principio, o más bien al final: cuando Bierce se fue a México era muy consciente de que emprendía su última aventura. Tenía más de setenta años y apenas podía caminar. “Si oyes que he sido fusilado junto a un muro de piedra mexicano”, le escribió a un familiar antes de partir, “por favor, entiende que esa es una buena manera de morir. Supera a la ancianidad, a la enfermedad o a una caída por las escaleras de la bodega. Ser gringo en México, ¡eso es eutanasia!”. Todo indica que Bierce consiguió su objetivo. |
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El diablo en la botellaRobert Louis Stevenson ilustrado por Pablo Ruiz |
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| ¿Qué precio estaríamos dispuestos a pagar por satisfacer nuestros deseos? Para muchos de sus lectores El diablo de la botella es un relato sobre la fuerza del amor, pero quizá sea más atinado ver en él un sutil análisis de la lógica del deseo; de cómo, una vez satisfecho, el deseo sólo puede persistir si encuentra un nuevo objeto que anhelar. El diablo de la botella es también es un relato financiero que anticipa la omnipresencia del dinero en el mundo actual y su capacidad de circular ininterrumpidamente traspasando fronteras geográficas y morales, y una fábula crediticia: su asunto es una hipoteca cuya garantía estriba nada menos que en el alma del protagonista. Sin duda, al lector del siglo xxi el punto de partida de la fábula no le resultará ajeno: todo comienza con el deseo de Keawe de poseer una bonita casa y con la oportuna oferta de una ilimitada fuente de financiación. R. L. Stevenson sentía especial predilección por este relato; nosotros, con la que está cayendo, lo consideramos imprescindible. | ||||
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