Donde sueñan los tigres

«Mi madre era muy aficionada al luto, porque en su casa, como el abuelo murió cuando era pequeña, siempre habían reinado el lazo negro y los espejos tapados, y por eso con cualquier excusa declaraba duelo en casa, y se vestía de oscuro y colgaba aquí y allá esquelas y trapos negros. Daba igual que los muertos fuesen próximos o lejanos. Una vez habíamos hecho un novenario por una monjita del convento de las Esclavas que mi madre conocía de vista y otra por un señor muy piadoso de Albacete que había salido cinco minutos en la tele porque los de su pueblo lo querían canonizar.»
«Su único alivio era aquel sueño, que aparecía cada vez más poblado de colores violentos. Gracias a aquel sueño, repetido desde hacía un año, a Marcos no se le había olvidado la sensación de asombro que produce el azul profundo en los ojos o cómo quema la piel el rojo fuego de las cortinas, porque en la casa del sueño las cortinas del dormitorio eran de un rojo crepuscular y vivo que cambiaba de color según pasaba el día. Podía recordar que en ese sueño a veces era el amanecer, o el mediodía, o la tarde, pero nunca era de noche.»


Enhorabuena por esta colección en general a la Editorial Traspiés, por esta colección y más particularmente por estas ilustraciones que me cautivan. Y no os conocía, pero os seguiré.
Un saludo